Compromiso por la bici
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Compromiso por la bici
(Elecciones municipales y autonómicas de 2007)

 

Valencia, sin lugar a dudas, podría ser la Ámsterdam del Mediterráneo. El tamaño de la ciudad  (que no se recorre en bici en más de tres cuartos de hora desde una punta a la otra), la topografía absolutamente plana y el volumen de la población de la ciudad y de su área metropolitana son prácticamente un calco de la ciudad holandesa. Además, Valencia tiene un clima muy benigno que propicia todavía más los desplazamientos en bicicleta, que son a todas luces los más eficientes en la mayor parte de los desplazamientos urbanos de menos de cinco kilómetros, la mayoría de los que se realizan en nuestra ciudad. Sin embargo, hay una razón de peso para que esto no haya sido así: la predominante cultura del automóvil en nuestro país. A pesar de esa cultura del automóvil que condiciona a los ciudadanos, pero sobre todo a los políticos de nuestra ciudad, las cosas están cambiando. En los últimos años, la sensibilización ecológica, la superación de los prejuicios socioeconómicos con respecto a la bici como medio de transporte, la llegada a nuestra ciudad de una población flotante de estudiantes europeos beneficiarios del programa Erasmus, usuarios habituales de la bici como medio de transporte en sus países de origen, y la llegada de inmigrantes de otras partes del mundo han contribuido a aumentar el número de usuarios y simpatizantes de este vehículo. Y todo ello muy a pesar de la falta de medidas políticas encaminadas a favorecer no solo la movilidad urbana en bici, sino también a otros medios de transporte sostenibles desde el punto de vista económico y ambiental. Es desalentador ver cómo se sigue favoreciendo en las ciudades el uso indiscriminado del automóvil privado, no solo porque daña la salud de sus ciudadanos y del medio ambiente del planeta, sino porque también es un lastre económico para un país que carece de recursos petrolíferos. Hay que decir que el nuevo urbanismo que abandona la ciudad para cementar la huerta y el campo también contribuye al mantenimiento de este modelo que la acción política hasta ahora se ha encargado de afianzar y que reduce los efectos de cualquier política sostenible de movilidad, en la medida que multiplica las necesidades de desplazamiento y hace a los ciudadanos más dependientes de los medios de transporte motorizados.
Nuestra ciudad, en la que una gran parte del viario público está destinada a la preeminencia del automóvil, debe democratizarse en lo que a los transportes se refiere. El metro es el resultado ferroviario de esa intocable superficie ofrecida al automóvil y la red de carriles bici o las áreas peatonales en muy pocas ocasiones arañan algún pequeño porcentaje a ese territorio del entronado automóvil. El espacio destinado a la fluidez del tráfico automovilístico es el resultado del espacio robado en los últimos sesenta años a otros usos ciudadanos (paseos, bulevares, aceras, plazas de encuentro ciudadano, jardines…). Es hora de dar opciones a todos los medios de transporte y, si ello supone redistribuir el espacio o hacer seguro el espacio público a todos los tipos de movilidad, habrá que hacerlo. Seguir obcecados con el obsoleto sistema de transportes que rige todavía en nuestro país es no querer encarar los grandes problemas ambientales, de salud, de calidad de vida urbana y económicos que tiene la sociedad humana del presente y del futuro.
Nosotros alzamos desde aquí la voz de los ciclistas urbanos que son y serán parte indispensable en la nueva movilidad de las ciudades del mundo.