En el marco de la Semana Europea de la Movilidad , el jueves 21 de septiembre se celebró en el Centro Excursionista de Valencia una mesa redonda con el lema “Los coches devoran la ciudad: ¿qué hacemos?”, organizada por la Oficina Verde Europea del eurodiputado David Hammerstein en colaboración con los Joves Verds de Valencia.
El primero de los ponentes, David Hammerstein lamentó que no haya objetivos de reducción del tráfico (ni siquiera se ha recogido a nivel internacional en el Protocolo de Kyoto), a pesar de ser el sector que más contamina. Los Verdes proponen que se eliminen los privilegios que tienen los automovilistas; los coches generan enormes costes sociales que no son asumidos por sus propietarios, sino por la sociedad. El Ayuntamiento debe cambiar el modelo urbano, dando prioridad al transporte público. David recordó el éxito que el peaje urbano ha tenido en Londres y en Estocolmo. Se trata de una responsabilidad personal, pero las instituciones tienen que dar ejemplo.
A continuación, Fernando Gómez, de Cercanías RENFE, explicó que la sostenibilidad consiste en cubrir nuestras necesidades sin comprometer las de las generaciones futuras, y afirmó que RENFE se compromete con este principio. El transporte por ferrocarril genera muchos menos costes externos para la sociedad que el transporte en coche.
Juan Casañ, Jefe de Servicio de Circulación y Transportes del Ayuntamiento de Valencia, afirmó que se viaja cada vez más por carretera, y que esto se debe en gran parte a las mayores facilidades para la adquisición de vehículos; el parque automovilístico ha aumentado mucho más que la población. Sin embargo, la gente también viaja más en transporte público. Indicó que se está urbanizando y peatonalizando el centro, y que hay una clara voluntad por interconectar la red de carril bici, una preocupación manifestada por varias personas del público.
Juan Olmos, Profesor de Urbanismo en la UPV , hizo un análisis demoledor de la situación. En su opinión, estamos peor que hace 40 años; las políticas urbanas han fracasado totalmente, y no sólo en España. El usuario no paga siquiera los costes directos que genera, y lo más grave es el envenenamiento del aire que respiramos. Los problemas técnicos están resueltos, pero no hay respuesta social. Los políticos tienen miedo a perder votos, a pesar de contraejemplos como el de Londres, donde el alcalde Livingstone ha sido reelegido tras implantar el peaje urbano. Al final, será la Justicia la que zanje la cuestión.
David Hammerstein lo expresó de forma muy concisa: “Hace falta una ley anti-coche igual que hay una ley anti-tabaco”.
Anahí Seri
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